5 Errores comunes al escribir diálogos

Escribir un buen diálogo parece sencillo: dos personajes hablan y la historia avanza. Sin embargo, conseguir que una conversación resulte natural, interesante y útil para la narración requiere bastante más.

Un diálogo puede estar correctamente escrito desde el punto de vista gramatical y, aun así, no funcionar. La forma en que hablan los personajes, la información que comparten, el ritmo de sus intervenciones o incluso la manera de presentar sus palabras pueden influir en cómo percibe el lector una escena.

Estos son cinco errores frecuentes que pueden restarle fuerza a una novela.

1. Hacer que todos los personajes tengan la misma voz

Cada personaje necesita una voz propia. Su edad, personalidad, profesión, entorno o forma de relacionarse pueden influir en su manera de expresarse.

Un adolescente no debería hablar necesariamente igual que un profesor universitario, ni utilizar constantemente un lenguaje excesivamente formal si ese registro no encaja con su personalidad.

También conviene prestar atención al vocabulario, las expresiones y el ritmo. Si todos los personajes utilizan las mismas palabras y construyen las frases de la misma manera, sus voces terminan confundiéndose.

Un buen ejercicio de revisión consiste en leer una conversación sin las acotaciones y comprobar si podemos identificar quién habla. Si no somos capaces de distinguirlos, quizá sea necesario trabajar más la voz de cada personaje.

2. Sobrecargar el diálogo de información

Uno de los errores más frecuentes es utilizar a los personajes para explicar al lector todo lo que necesita saber. Es lo que conocemos como infodumping.

—Como sabes, llevamos diez años trabajando juntos y fue aquí donde nos conocimos…

Si ambos personajes conocen esa información, difícilmente necesitarían explicársela de esa manera.

La información debe aparecer integrada en la historia, ya sea mediante el diálogo, la narración, las acciones o los pensamientos de los personajes. No es necesario contarlo todo de una vez: dejar algunos datos para más adelante puede resultar mucho más efectivo.

También conviene evitar repetir constantemente el nombre del interlocutor. En una conversación entre dos personas, utilizarlo en cada intervención puede resultar artificial.

3. Confundir naturalidad con copiar una conversación real

Un diálogo literario debe resultar creíble, pero no tiene que reproducir exactamente cómo hablamos en la vida cotidiana.

En una conversación real abundan las repeticiones, las muletillas, las pausas y los comentarios que no aportan nada. Trasladarlos todos a una novela puede hacer que la lectura resulte pesada.

La clave está en seleccionar. El diálogo debe conservar cierta espontaneidad, pero también tiene que estar al servicio de la historia y mantener el interés del lector.

El objetivo es conseguir que el lector sienta que está escuchando una conversación real, no leer una transcripción palabra por palabra.

4. Escribir intervenciones demasiado largas

Una intervención excesivamente larga puede hacer que una conversación pierda ritmo y termine pareciendo un monólogo.

Esto no significa que un personaje nunca pueda hablar durante varios párrafos. Una confesión, un discurso o una escena concreta pueden requerirlo. El problema aparece cuando todas las intervenciones tienen una extensión similar y los personajes apenas se interrumpen o reaccionan.

Las respuestas breves, las pausas y las acciones ayudan a crear ritmo y hacen que la escena respire. Además, permiten mostrar cómo reaccionan los personajes mientras hablan, algo que puede aportar tanta información como sus propias palabras.

5. Abusar de las acotaciones y descuidar la puntuación

No todas las intervenciones necesitan ir acompañadas de «dijo», «respondió» o «preguntó». Cuando sabemos quién habla, podemos prescindir de la acotación o utilizar una acción:

—No pienso ir.

Laura dejó las llaves sobre la mesa.

—¿Por qué?

Las acciones, además, pueden aportar información sobre lo que ocurre en la escena y evitar que el diálogo se convierta en una sucesión de intervenciones.

Por último, es importante cuidar la presentación formal del diálogo. En español utilizamos la raya (—):

—No quiero volver —dijo Laura.

Una puntuación correcta facilita la lectura y evita que los errores formales distraigan al lector de la historia.

Un buen diálogo también se revisa

Escribir un diálogo no consiste únicamente en poner unas palabras detrás de otras. Hay que preguntarse si cada personaje suena como debería, si la conversación aporta algo a la historia y si el ritmo funciona dentro de la escena.

Por eso, revisar los diálogos es también revisar la propia narración. A veces, un pequeño cambio en una frase, una pausa o una reacción puede hacer que una escena resulte mucho más natural y que los personajes cobren vida.

En Editorial Numancia entendemos la corrección y revisión de una obra como un proceso que va más allá de detectar errores lingüísticos. También implica prestar atención a la voz de los personajes, la construcción de las escenas y la forma en que cada elemento contribuye a la historia.

Porque un buen diálogo no se limita a hacer hablar a los personajes: hace que el lector quiera seguir leyendo.

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